El juicio mediático ante una denuncia falsa.

10 Feb, 2022

Cada vez resulta más habitual que ante la comisión de determinados delitos la opinión mediática llegue más lejos, y más rápido, que las resoluciones judiciales, lo que conlleva que la presunción de inocencia quede apagada por la opinión que transmite a traves de cadenas de whatsapp, redes sociales, y medios de comunicación.

 

No debemos olvidar que la naturaleza del ser humano le lleva a convivir en sociedad, y en ese contexto la detección de amenazas que ponen en peligro esa convivencia es una habilidad que tenemos arraigada en la parte más primitiva de nuestro subconsciente. Ello condiciona inevitablemente nuestra conducta, y nos conduce a sentir la necesidad de cuantificar la probabilidad de que un investigado sea culpable o no culpable. Cuanto más grave es el delito, más intensa es esa necesidad frenética e inconsciente de buscar elementos para emitir nuestro veredicto.

 

La Sala Penal del Tribunal Supremo, en su sentencia de 15 de julio de 2019 (rec. 703/2018)  o la nº 854/2010, de 29 de septiembre, ya reconocen la existencia de este juicio paralelo, y reconocen el Derecho Fundamental de la sociedad de obtener información relativa a la instrucción. Por lo tanto, no cabe duda de que el investigado por uno de estos delitos tiene que ser consciente de que tiene que probar su inocencia en dos escenarios totalmente diferentes.

 

  • El juicio mediático
  • El procedimiento judicial.

 

Cada uno de ellos, con sus particularidades.

 

A la hora de probar su inocencia en el juicio mediático el investigado se encuentra con un problema. El carácter reservado de la instrucción que se tramita ante el juzgado y la imposibilidad de publicar actuaciones judiciales.

 

Esto es un problema más grave de lo que parece ya que el origen de los datos que maneja la sociedad, fija su hipótesis de partida, y automáticamente asigna unos roles que difícilmente van a ser modificados después. El que es señalado como el malo de la película es descrito como tal en reportajes, cadenas de whatsapp, reportajes, etc. y estalla una batalla en torno al él que acaba por estigmatizarlo.

 

¿Por qué es tan importante ganar el juicio mediático?

 

Existen estudios que determinan que la publicación de datos en los medios de comunicación durante la fase de instrucción es hasta siete veces superior a la publicada durante las sesiones del juicio oral, que es donde se cotejan todas las versiones.  De este modo, es evidente que la versión inicial incriminatoria le otorga al primer relato la naturaleza más perjudicial para la presunción de inocencia.

 

Por lo tanto, es necesario que el investigado por uno de estos delitos, si se considera inocente, haga énfasis y dedique sus esfuerzos en salir victorio en esa instrucción mediática que se realiza a la velocidad de la luz mucho antes de finalizar la instrucción judicial.

 

Es muy frecuente que en delitos mediáticos los investigados se quejen ante el juez instructor de la existencia de ese juicio paralelo a través de las publicaciones de los medios sobre los hechos enjuiciados, con filtraciones interesadas de las acusaciones. Pero como expondremos a continuación, no sirve de nada quejarse. Lo que tiene que hacer, precisamente, es tratar de ganar también el juicio mediático.

 

¿Es moralemente justo o injusto que exista este juicio mediático?

 

Lo cierto es que la verdad judicial no siempre es coincidente con la verdad de los hechos. Cada juicio es una lucha de versiones, donde  el juzgador trata de reflejar lo que pasó, en una apuesta por la versión más verosímil reconstruyendo el puzzle con las piezas que se le muestran en el juicio, que quizás están incompletas, son equívocas o directamente falsas.

 

La precariedad del relato de los hechos que construye el tribunal es asumida incluso por el  procedimiento judicial, que establece como garantía el mecanismo de recursos por parte de una segunda e incluso a una tercera instancia. De hecho, existen muchísimos ejemplos de Sentencias que declaran que una persona es culpable y años mas tarde se prueba que era inocente, o viceversa. 

 

Es cierto que el juicio mediático también se vale de información interesada o incluso falsa, pero hay que asumir que el retrato que la sociedad hace sobre el investigado se convierte en un juicio definitivo que se realiza en un ecosistema muy perverso,  que afecta a su imagen y reputación para siempre. Y dado que contra el relato mediático no cabe recurso alguno, es necesario utilizar todos los medios a su alcance para salir victorioso.

 

En este contexto  circunstancias como las que se citan a continuación cobran la misma importancia que las pruebas que se proponen en el procedimiento judicial.

 

  • Imagen que el investigado proyecta en Redes Sociales.
  • Imagen que la presunta víctima proyecta en Redes Sociales
  • Entorno social del investigado.
  • Entorno social de la presunta víctima.
  • Raza, etnia, religión.
  • Etc.

 

¿Puede el investigado revelar información de la instrucción?

 

La respuesta a esta respuesta no es sencilla.

 

El Tribunal Supremo en su sentencia de 15 de julio de 2019 (rec. 703/2018)  aborda con soltura el equilibrio entre derecho de información y presunción de inocencia.

 

“Parece ciertamente inevitable que los sucesos que despiertan el interés de la ciudadanía, o de una parte más o menos relevante de la misma, encuentren un reflejo en los medios de comunicación, que pretenden trasladar al público todo lo que se haya podido conocer acerca de lo sucedido, y, como consecuencia, no solo todo lo que aparezca en el proceso penal, sino también cual es la actuación al respecto de los mismos órganos de la jurisdicción. Ese interés ciudadano tiene reflejo en la Constitución (CE), que reconoce el derecho a comunicar y a recibir libremente información veraz por cualquier medio de difusión, lo cual afecta a las noticias relacionadas con la función judicial cuando la relevancia de los hechos o de las personas afectadas despierte el interés del público, y, además, establece un principio general de publicidad de las actuaciones judiciales (artículo 120.1 CE).

 

Frente a ello, la ley establece el carácter secreto (salvo para las partes) de las actuaciones judiciales durante la fase de instrucción.

 

A continuación, el Tribunal Supremo ilustra gráficamente el derecho del pueblo a saber con la cita de la Sentencia de la Sala Penal del Tribunal Supremo 854/2010, de 29 de setiembre, pues “es evidente que la publicidad es un elemento esencial de todo proceso, y por otra parte el derecho a comunicar o recibir libremente información veraz abarca e incluye al derecho a informar sobre las actuaciones judiciales, y cuando éstas tienen por objetivo un hecho tan noticiable, en sí mismo, como es la aparición del cadáver del alcalde de un pueblo, es claro que la condición de autoridad pública del fallecido supone un plus de interés para los medios de comunicación. Es evidente que la publicación de hipótesis y suposiciones en los medios de comunicación es una simple consecuencia de la libertad de prensa que constituye una divisa de toda sociedad democrática. Hay que recordar que la obviedad de que la justicia no puede ser administrada correctamente de espaldas del pueblo de quien emana, precisamente, como se proclama en el art. 117-1º de la Constitución.”

 

La sentencia admite que es inevitable que exista esa condena paralela que ignora toda la presunción de inocencia:

 

“Estar sometido a una investigación penal no supone ser culpable de los hechos investigados, a pesar de lo cual no es extraño que socialmente se actúe como si se hubiera llegado a emitir un veredicto de condena cuando los órganos jurisdiccionales aún no se han pronunciado. Es cierto que la presunción de inocencia no tiene la misma operatividad en sede procesal que fuera de ella, pero no es inútil recordar que solo los tribunales pueden declarar a alguien culpable de unos determinados hechos. Y, por otra parte, que sería d considerar ofrecer a la defensa las mismas posibilidades de expresar su opinión o de hacer constar públicamente su posición, que la que se concede a quienes se alinean con las acusaciones.”

 

Como puede observarse, el propio Tribunal Supremo reconoce expresamente el Derecho que tiene la defensa a expresar su opinión o hacer constar públicamente su posición, siempre que no se revelen directamente las actuaciones judiciales concretas. Esto es precisamente, lo que un investigado no tiene que dudar en hacer si desea salir victorioso del juicio mediático.

Última edición: Feb, 2022